Volaban de noche, con el motor apagado.
Silenciosas como fantasmas. Los soldados alemanes que sufrían sus constantes
ataques las bautizaron como las Brujas de la Noche. Un libro recuerda a las
aviadoras rusas que combatieron a Hitler.
El bautismo de fuego de una de estas
aviadoras rusas, Lilya Litvyak, se produjo el 27 de septiembre de 1942, cuando
su escuadrilla se encontró con diez bombarderos alemanes que volaban hacia
Stalingrado para soltar sus bombas. Su compañero, el comandante Khovostiko, fue
abatido nada más iniciarse el ataque. Enfurecida, Litvyak disparó contra un
avión enemigo a solo treinta metros de distancia, hasta derribarlo envuelto en
llamas.
Lilya pintó un lirio blanco en el fuselaje
de su caza. Así nació la leyenda de la Rosa Blanca de Stalingrado
Las hazañas de Litvyak en los cielos rusos
y los medios de comunicación del Partido Comunista contribuyeron a alimentar su
mito. Una de esas hazañas fue el derribo de un caza alemán Messerschmitt BF 109
pilotado por Erwin Maier, que pudo saltar en paracaídas y salvar la vida.
Maier, que había sido condecorado tres veces con la Cruz de Hierro, solicitó a
sus captores que le permitiesen conocer al piloto que le había derrotado.
Cuando los soviéticos le presentaron a una atractiva joven de 21 años, menuda y
de aspecto angelical, el piloto alemán pensó que le estaban tomando el pelo.
Doce derribos a los 21 años.Con solo 21
años, la moscovita Lilya Litvyak ya había derribado 12 aviones enemigos.
Destacó en la defensa de Stalingrado. Desapareció en la batalla de Kursk, en
1943
Tras derribar otros dos aviones enemigos,
Lilya pintó en el fuselaje de su caza Yak 1 un lirio blanco. Con ese símbolo
nació la leyenda de la Rosa Blanca de Stalingrado (se confundía la flor en la
distancia) una piloto imbatible que, según la propaganda rusa, hacía huir a los
aviadores alemanes. Al alcanzar los cinco derribos fue condecorada con la Orden
de la Estrella Roja y seleccionada para integrarse en un grupo de pilotos de
élite.
Su historia y las de otras aviadoras rusas
que combatieron en la Segunda Guerra Mundial constituyen el hilo argumental del
libro Las Brujas de la Noche (Pasado y Presente). Su autora, Lyuba Vinogradova,
cuenta el papel determinante de Marina Raskova en la creación de esos
singulares regimientos de mujeres. En los años treinta, Raskova era una
aviadora muy admirada en la Unión Soviética y una oficial encubierta a las
órdenes de Lavrenti Beria, responsable del temible Comisariado del Pueblo para
Asuntos Internos (NKVD), organización precursora del KGB.
Mascha Dolina participó en 72 misiones y
lanzó 45.000 kilos de bombas desde su avión. La derribaron en 1943, quedó
malherida. Gorbachov la condecoró en 1990. Es Heroína de la Unión Soviética
Tres regimientos
Tras la invasión alemana en junio de 1941,
Raskova usó su prestigio y sus contactos en Moscú para formar tres regimientos
en otoño de ese año. el de Aviadoras 586, el de Bombarderos Nocturnos 588 y el
de Bombarderos de Largo Alcance 587. El llamamiento que hizo Raskova para
buscar voluntarias que conformaran esos grupos de combate fue todo un éxito. Su
carismática personalidad fue un reclamo suficiente para que cientos de jóvenes
provenientes de diferentes puntos del país y de distintas ocupaciones acudieran
al lugar convenido con la esperanza de ser las elegidas.
Por su pericia y arrojo, a Lilya Litvyak la
reclutaron en un grupo aéreo de élite. Llegó a comandante
No se desanimaron cuando se vieron
enfundadas en unos uniformes enormes, que no eran de su talla y les hacían
parecer ridículas. Se confeccionaron ellas mismas otros, utilizando siempre que
podían la seda de los paracaídas alemanes que capturaban ocasionalmente.
Aquellas valientes chicas, muchas de las cuales acababan de cumplir veinte
años, tampoco se vinieron abajo con el machismo de sus compañeros, que siempre
que podían se burlaban de ellas.
Sufrieron la burla de sus compañeros y hubo
oficiales contrarios a que las mujeres entraran en combate
Los oficiales que habían criticado la
formación de esos tres regimientos de combate se rindieron ante los rápidos
progresos de las jóvenes aviadoras. Aunque muchas tenían experiencia como
pilotos civiles, todas tuvieron que someterse a un duro adiestramiento en una
base aérea en las afueras de Engels, ciudad del sur de Rusia. Solo fueron
seleccionadas las más intrépidas y las que más horas de vuelo habían acumulado
antes de la guerra. Las chicas de Raskova tuvieron que esforzarse más que sus
camaradas varones para demostrar su valor y sus habilidades para pilotar.
Durante los meses de entrenamiento, ellas sufrieron menos accidentes y
percances que ellos.
Sus tácticas de combate eran temerarias
hasta lo suicida. Volaban sin paracaídas, en aparatos primitivos, sin radio y
con cabinas descubiertas
Volar de noche
La principal misión asignada al regimiento
de Bombarderos Nocturnos 588 era volar de noche sobre las líneas enemigas para
hostigar a los alemanes e impedirles descansar. Cuando llegaba a su objetivo,
la piloto desconectaba el motor de su avión para planear en silencio como un
fantasma y soltar su carga mortífera de bombas sobre sus cuarteles, polvorines
y almacenes de avituallamiento. Cuando los alemanes supieron que los pilotos
que navegaban en aquellos silenciosos bombarderos rusos eran mujeres no dudaron
en llamarlas las Brujas de la Noche.
Volaban sin paracaídas para poder
transportar más bombas de las reglamentarias
El regimiento perdió 31 aviadoras durante
la guerra el 27 por ciento del total y 24 de ellas se convirtieron en Héroe
valor para volar en los lentos biplanos Polikarpov Po-2. Hasta 1944, las
tripulaciones efectuaron sus misiones sin llevar paracaídas para poder
transportar más bombas. Algunos días llegaron a efectuar hasta 15 salidas. Las
Brujas de la Noche se orientaban por la brújula y el resplandor de las bengalas
que lanzaban para iluminar los objetivos.
Marina Raskova era una aviadora muy
admirada en los años treinta en la Unión Soviética. También era oficial del
servicio secreto. Ella reclutó a las mujeres para los regimientos de aviación
Hubo más Héroes de la Unión Soviética en
ese regimiento que en otros regimientos de bombarderos. La jefa de las
aviadoras recibió una carta del comandante del 4. Ejército Aéreo, en la que
felicitaba a las aviadoras, navegadoras y mecánicas y le informaba de que
estaba tramitando el papeleo para que les fuera concedido el título de
Regimiento de Guardias, un reconocimiento del máximo prestigio. También
comunicaba que estaba a punto de resolver el problema de la ropa interior que
padecían las aviadoras, que hasta entonces habían tenido que utilizar toscos
calzoncillos de hombres.
Litvyak y 4 compañeras distinguidas por el
Comité de Mujeres Soviéticas. Al inicio ellas mismas se cosían sus uniformes
con la seda de los paracaídas de alemanes capturados
La autora del libro, Lyuba Vinogradova,
comenzó a documentarse en la primavera de 2009. Increíblemente, aunque he
colaborado durante muchos años como investigadora con varios historiadores,
centrando mi trabajo en la Segunda Guerra Mundial, lo que ha implicado leer
miles de páginas y documentos y cientos de libros, no tenía ni idea de la
existencia de esas aviadoras.
Estudió sobre ellas a través del
historiador francés Claude Quétel. Claude estaba convencido de que algún
especialista debería escribir una biografía de Lilya Litvyak, la Rosa Blanca de
Stalingrado. Le propuso el proyecto a Antony Beevor, y Antony me lo propuso a
mí. Con el tiempo, Vinogradova se dio cuenta de que no podía escribir un libro
ciñéndose solamente a Lilya. Su historia debería ir unida a las de sus
camaradas. Buscó a las supervivientes de los tres regimientos que comandó
Raskova y tuvo la suerte de dar con algunas de ellas, que le contaron historias
y anécdotas.
Las que combatieron en caza hicieron más de
4000 misiones y participaron en más de 125 batallas aéreas, consiguiendo 38
victorias. La aviadora que más brilló fue Litvyak, que en junio de 1943 fue
nombrada comandante del 3.er Escuadrón del 73. Regimiento de Cazas. Poco
después fue herida, pero pronto volvió al combate, destruyendo otros tres cazas
alemanes. Su último derribo se produjo el 31 de julio de ese año.
Una heroína desaparecida
En la batalla de Kursk, varios cazas
alemanes atacaron el Yak-2 de Lilya, que fue dada por desaparecida. Al
finalizar la guerra, la mecánica Inna Pasportnikova decidió encontrar a su
oficial y camarada, una búsqueda que duró 36 años. En 1979 le comunicaron que
una aviadora no identificada fue enterrada por aquellas fechas en Donetsk,
cerca de donde los compañeros de Lilya afirmaron que había caído su aparato. En
mayo de 1990, el presidente de la URSS Mijail Gorbachov la condecoró con la
Estrella de Oro de Heroína de la Unión Soviética. Una calle de Moscú lleva su
nombre.
Aviadoras rusas. Las ‘brujas’ que acosaron a Hitler
09/Ene/2017
ABC, España, Por José Segovia